Todo esto contempla varias etapas, para ello se debe planificar, dar sentido de urgencia y eficacia y, finalmente, requiere de una alta participación ciudadana.

 

La primera medida es ampliar el riego tecnificado, que hoy día abarca sólo un tercio de las hectáreas de riego en nuestro país. Esto permitiría usar con mucha eficacia el agua, porque el riego tecnificado es prácticamente el doble más eficiente que el riego tradicional.

Segundo, reutilizar las aguas. Las aguas servidas que son un flujo muy importante, pueden significar una nueva fuente de provisión del vital elemento.

Tercero, reducir las pérdidas de las empresas sanitarias que hoy representa, cerca del 35% del total del agua.

Cuarto, incorporar mayor eficiencia en todas las distintas actividades humanas, tanto de las familias como de las empresas.

 

Pero, además de utilizar mejor el agua que ya tenemos, el plan también contempla ampliar la capacidad de producción de agua a través de la construcción de embalses.

Otra medida es, través de la tecnología moderna, satelital y de sonares, conocer y descubrir los ríos y las cuencas subterráneas.

Así también, la desalinización del agua de mar. Ya existen 20 plantas desalinizadoras y el plan es duplicarlas, porque ahí está la solución para muchas comunidades, especialmente en el norte de nuestro país.

 

Chile necesita un profundo cambio en el marco legal y en la institucionalidad del Estado en materia de agua, por tal motivo, el Gobierno se encuentra impulsando el Código de Agua, la nueva Ley de Sanitarias y la modernización del Estado en lo que se refiere al recurso agua.

La meta es asegurar el agua potable a todos los habitantes de la provincia y del país entero, pero también asegurar el agua para las actividades productivas. Esa es la gran tarea y la gran meta.