Una Sola Salud: Nuestro bienestar depende de un mismo equilibrio
Durante décadas, la medicina humana, la medicina veterinaria y las ciencias ambientales avanzaron por caminos separados. Sin embargo, la evidencia demuestra que los desafíos sanitarios más complejos nacen justamente en los puntos donde estas disciplinas se cruzan. Según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cerca del 60% de las enfermedades infecciosas emergentes tienen origen animal, lo que refleja hasta qué punto la salud humana está vinculada con la biodiversidad y el equilibrio de los ecosistemas.

La expansión urbana, la agricultura y la ganadería intensivas, la fragmentación de hábitats, la pérdida de biodiversidad y el cambio climático están modificando la relación entre las personas y la naturaleza. Cada vez que alteramos el equilibrio de ecosistemas, aumentan las posibilidades de que virus, bacterias y otros patógenos encuentren nuevas rutas para llegar a las personas. Es por esto que nace el enfoque Una Sola Salud, (One Health), una estrategia que dejó de ser una aspiración académica para convertirse en una necesidad sanitaria global.
Este camino también resulta fundamental para enfrentar otra amenaza silenciosa que ya preocupa a los sistemas sanitarios de todo el mundo, la resistencia a los antimicrobianos. El uso excesivo o inadecuado de antibióticos tanto en medicina humana como en producción animal favorece la aparición de microorganismos resistentes, capaces de volver ineficaces tratamientos que durante décadas salvaron millones de vidas. Lo mismo ocurre con las enfermedades transmitidas por vectores como mosquitos y garrapatas, cuya expansión está siendo favorecida por el cambio climático y las alteraciones ambientales. También con la inocuidad alimentaria, donde la contaminación puede producirse en cualquier etapa de la cadena de producción, distribución o consumo. Todos estos riesgos comparten una característica común, sus causas y sus soluciones trascienden los límites tradicionales del sector salud.
Por eso, Una Sola Salud no consiste únicamente en reaccionar cuando aparece una nueva enfermedad, sino en fortalecer la prevención. Significa incorporar vigilancia epidemiológica integrada, monitoreo ambiental, protección de la biodiversidad, uso responsable de medicamentos, políticas agrícolas sostenibles y sistemas de salud capaces de compartir información entre distintas disciplinas. Implica entender que prevenir siempre será más eficiente que enfrentar las consecuencias de una crisis.
Por otra parte, los beneficios de esta política también son económicos. El Banco Mundial estima que implementar medidas preventivas bajo el enfoque Una Sola Salud requeriría una inversión anual de entre USD 10.300 y USD 11.500 millones, una cifra considerablemente menor que los costos sociales, sanitarios y económicos que generan las pandemias y otras emergencias de salud pública. La experiencia reciente dejó claro que esperar a que las crisis ocurran resulta infinitamente más costoso que prepararse para evitarlas.
Para países como Chile, donde conviven una importante actividad agropecuaria, una biodiversidad única y crecientes desafíos asociados al cambio climático, adoptar esta mirada representa una oportunidad para fortalecer la resiliencia sanitaria. La colaboración entre autoridades, universidades, laboratorios, centros de investigación, profesionales de la salud humana y veterinaria, el sector productivo y la ciudadanía puede transformar la manera en que prevenimos riesgos y respondemos a amenazas emergentes.
Hablar de Una Sola Salud también implica reconocer que las personas no pueden ser únicamente receptoras de la atención sanitaria, sino participantes activos en su construcción. En Farmoquímica del Pacífico creemos que para fortalecer los sistemas de salud se requiere sumar al paciente como miembro activo del ecosistema, no como un actor secundario sobre el cual se diseñan soluciones, sino como un interlocutor legítimo con quien es necesario construir relaciones de confianza de largo plazo. Esto supone una articulación efectiva entre el sector público, el privado y la sociedad civil, donde las organizaciones de pacientes tengan una voz activa para visibilizar las necesidades reales y contribuir a que los tratamientos lleguen de manera oportuna. Además, como actores del sector farmacéutico, tenemos la responsabilidad de contribuir a una visión más amplia de la salud, una que reconozca que el bienestar de las personas también está ligado a la salud animal y al equilibrio del medio ambiente.
El enfoque Una Sola Salud nos invita, en definitiva, a avanzar hacia una visión más integrada, colaborativa y preventiva. Cuidar los ecosistemas, proteger la salud animal y fortalecer la prevención ya no son objetivos independientes; son condiciones indispensables para proteger nuestra propia salud.



